GRACIAS POR COGER EL TELÉFONO AQUEL VERANO

Durante aquel verano en el que me encontraba preparando una de mis primera plantillas como equipo sénior, jamás pude imaginar que un jugador del prestigio que por aquel entonces tenía César, quisiese acabar viniendo a un equipo que, aunque derrochásemos ilusión, éramos unos auténticos desconocidos, 4 categorías por debajo de lo que él podía optar.

Por él, junto a él y a través de él, llegaron otros jugadores  también de referencia en aquella época, para conseguir formar un grupo realmente especial. Serio y comprometido siempre, con rigor en el trabajo y con una calidad extraordinaria, pero a la vez que divertido y entusiasta como ninguno.

Nos reíamos, trabajábamos y disfrutábamos por igual. Y de esa forma tan especial conseguimos realidades deportivas desde sueños, y alcanzamos realidades afectivas como la de encontrar personas que definen a la perfección el significado real de la palabra amigo.

César me permitió conocer lo que significa un jugador que nunca dice no a nada. Nunca dijo no al trabajo, al compromiso, al esfuerzo, a superarse, a divertirse, a sacrificarse, a luchar por cualquier balón aunque estuviese a punto de salir fuera. Siempre respetó al deportista con el que se enfrentaba, pero nunca dejaba que se llevase el balón.

Si divertirse es celebrar cualquier gol como si fuera el de una final en el último minuto… ese era César.

Si trabajar es entrenar y sacrificarse en cada partido como si cada minuto se estuviese jugando el título de liga…ese era César.

Si comprometerse es exigirse cada temporada y cada situación como si le fuese la vida en ello…ese era César.

Si sacrificio es superar dos gravísimas lesiones, con la ilusión de un joven que comienza…ese era César.

Todos los entrenadores hemos tenido a nuestro lado jugadores con los que todo se hacía más fácil. Jugadores a los que no había que explicarle demasiadas cosas, puesto que con una mirada, adivinaban tus pretensiones. Jugadores a los que no había que pedirle mucho, porque ya estaban dando más de lo que tú esperabas. Jugadores a los que siempre les asignarías la responsabilidad de capitán, porque saben interpretar y gestionar perfectamente lo que el grupo necesita. Todos los entrenadores hemos tenido a nuestro lado jugadores por los que deseábamos que no pasara el tiempo, y así poderlos tener siempre en nuestro quinteto de pista.

César, eres uno de esos jugadores que todos los entrenadores deseamos.

César, eres uno de los dos ejemplos que he conocido, donde se sigue confirmando aquello de…la suerte también se trabaja.

Decides retirarte igual que años atrás se retiraron otros de aquel grupo, porque la vida, las rodillas, los tobillos y el cuerpo no son inmunes al paso del tiempo. Pero los que hemos podido trabajar a tu lado, nunca te olvidaremos a pesar del paso del tiempo, y los que hemos podido abrazarte como amigo, jamás deseamos que el tiempo pase…

Ahora te marchas de las pistas con tanto o más prestigio como el que tenías aquel verano. Pero además de ese prestigio, tienes el respeto y la admiración de todos los que han compartido momentos contigo…porque todos han deseado parecerse un poquito a ti.

César, gracias por coger el teléfono aquel verano…

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