EL CAPITÁN EN UN GRUPO DE TRABAJO

Aunque en muchas ocasiones aceptamos de forma natural la mayoría de los roles preestablecidos en el fútbol sala, no deberíamos descartar la posibilidad de revisar algunos de los elementos grupales, de organización y de relación con los que deberemos trabajar cuando llegamos por primera vez a un equipo o incluso al inicio de una nueva temporada

En este ámbito me gustaría situar las funciones del capitán del equipo.

De manera frecuente asumimos y aceptamos quien debe ejercer la responsabilidad de capitán del equipo, y en el peor de los casos damos por conocidas y asumidas cuales son las responsabilidades y las tareas para el capitán o capitanes de nuestro equipo.

No obstante el trabajo y la elección de un capitán para el equipo es un elemento lo suficientemente importante como para que revisemos de forma exhaustiva algunos de sus elementos.

Dado que trabajaremos al lado del capitán para conseguir la máxima compenetración y entendimiento con él y con el grupo, en primer lugar será tremendamente importante que dentro de todo el proceso de su elección intervenga tanto nuestro criterio como nuestra decisión. Debemos evitar caer en la desidia de dotar de continuismo a la tradicional idea de que el jugador más veterano del equipo, simplemente por ese hecho, tenga la exclusividad de acceder a esta responsabilidad.

También es muy habitual pensar que el capitán de un grupo tiene tan sólo la responsabilidad de representar al equipo en las tareas iniciales de un partido, o lo que es también muy frecuente, erigirse en el representante “sindical” de los jugadores frente al entrenador.

En segundo lugar, cada entrenador, indudablemente debe concretar, dar forma y sentido preciso al rol que desea que desempeñe el capitán de su equipo.

Es fundamental informar a nuestro capitán que su responsabilidad y su trabajo va mucho más allá del simple hecho de portar un brazalete durante el partido.

Debe ser conocedor y consciente de las tareas y responsabilidades que le pedimos, de tal forma que si las comprende, las acepta y lo que es más importante las comparte, podrá desarrollar perfectamente ese rol tan complementario que el entrenador necesita dentro del grupo.

Tan importante es este matiz, que incluso puede darse el caso que conociendo de antemano la tarea y responsabilidad que le pedimos a nuestro capitán, éste pueda optar por rechazar su elección al no sentirse capaz o identificado con lo que le estamos implicando.

Indudablemente los capitanes son elementos de enlace fluido entre el entrenador y los componentes de la plantilla, significando tanto parte de la delegación de la responsabilidad y pensamiento del entrenador hacia el resto del grupo, especialmente en los momentos en que éste no está directamente presente, como  a su vez elementos de transmisión del grupo hacia el entrenador o incluso personal directivo.

El formato habitual en el entorno de trabajo diario debería facilitar la comunicación deportiva y extradeportiva entre jugadores y entrenador, siendo además lo suficientemente abierta y flexible como para abarcar la mayoría de situaciones de interacción dentro del grupo, pero implicando de forma participativa a los capitanes en aquellos temas que de forma extraordinaria preocupen a algún o algunos jugadores.

Los capitanes deberían recibir las inquietudes de sus compañeros, para analizar y valorar con ellos si son realmente convenientes y adecuadas para ser propuestas al entrenador, teniendo incluso la autoridad de reconducir a algún compañero del grupo, si su necesidad o su actuación está lejos del compromiso y objetivos asumidos por todos.

Pero por otro lado, y este me parece uno de los aspectos más determinantes de su rol, los capitanes deberían ser ejemplo de motivación, compromiso, dedicación y comportamiento, tanto en entrenamientos y partidos, como en todas las circunstancias y lugares en los que el equipo se encuentre anterior o posterior a un entrenamiento, partido o trabajo de grupo, debiendo canalizar cierta interacción con el resto de jugadores para que éstos asuman, recuerden y trabajen para la consecución de los objetivos propuestos y asumidos por todos.

Los capitanes deberían ser para el entrenador un apoyo constante tanto en materia de trabajo como en la de relación e integración del grupo. Una extensión coordinada del pensamiento, de la responsabilidad o de la metodología de trabajo definido por el entrenador, incluso asumiendo tareas determinadas ante su ausencia.

La comunicación y relación fluida entre entrenador y capitanes debe dar esta base de confianza y complicidad, pero indudablemente el éxito radica en que el capitán comparta, acepte e interiorice por iniciativa propia las responsabilidades que el entrenador de un grupo decide compartir con él.

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