¿Nuestra táctica de partido es la acertada?

CarpetaEs realmente interesante observar como un equipo desarrolla de forma precisa y constante un sistema de juego en el que marcadamente se ejecutan las formas de juego que tanto entrenador como jugadores han ido construyendo a lo largo del trabajo semanal.

Sin duda alguna uno de los grandes logros del trabajo de un entrenador estriba en ser capaz de colaborar de forma determinante en la construcción del estilo de juego de su propio equipo, porque son muchos los elementos del activo de un equipo en los que el trabajo del entrenador no sólo es necesario, sino que se convierte en imprescindible.
Podríamos tener un debate interesante sobre en qué aspectos del trabajo del equipo es realmente decisiva la intervención del entrenador, aunque probablemente estaríamos bastante de acuerdo que uno de esos aspectos sería la dirección de partido.

Por dirección de partido entendemos el conjunto de decisiones que el entrenador aplica a lo largo del desarrollo del encuentro. En definitiva, la dirección de partido sería la forma en la que el entrenador aplica la táctica de partido, que está definida como el conjunto de planteamientos tanto ofensivos como defensivos que el entrenador establece y ejecuta de forma activa o reactiva con el fin de que su equipo alcance los objetivos previstos.

Pero es en la parte reactiva de la táctica de partido en la que quiero insistir, porque si como antes decía es muy valorable ver como un equipo está ejecutando de forma activa su sistema de juego y formas asociadas, no es menos importante que el entrenador sea capaz de aplicar elementos reactivos durante la aplicación de la táctica de partido si la situación es desfavorable.

Con frecuencia los entrenadores caemos en el error de confiar en exceso en nuestra táctica de partido establecida de antemano y aunque el rival esté dominando las fases del juego con su planteamiento táctico, nosotros seguimos insistiendo en aplicar como elementos reactivos, la táctica de partido activa establecida como inicial.

Un ejemplo claro de ello podría ser cuando nuestro sistema de juego en ataque posicional es el “sistema de 4”o “juego de 4” o “4 en línea”, con sus correspondientes formas de juego asociadas y lo establecemos como táctica de partido del enfrentamiento contra un rival del que conocemos que se posicionará defensivamente por debajo de la ½ pista.

Comienza el partido y se ejecuta nuestro planteamiento ofensivo de partido y aunque nuestros movimientos, nuestras acciones y nuestra táctica de partido se desarrollan según lo previsto, poco a poco vamos apreciando que no conseguimos alcanzar las ventajas que debería aportar nuestro sistema de juego.

Ante nuestro sistema ofensivo de “juego de 4” basado principalmente en la creación y ocupación de espacios , con apoyos constantes al compañero que tiene el balón, intentando que el desplazamiento continuo de nuestros jugadores permita desequilibrar la defensa rival y colocarla casi en línea para evitar sus posibles ayudas y coberturas defensivas, el equipo rival desarrolla su sistema defensivo previsto de defensa retrasada, en el que minimiza los espacios, no presiona al balón y espera que nuestro posicionamiento en elaboración de juego sean tan horizontal, tan previsible y con tanto espacio a nuestras espaldas como para obtener ventaja simplemente por el hecho de nuestra falta de aplicación de una táctica reactiva.

Pero aunque lo que podría estar pasando en la pista pudiera tener distintos puntos de vista y por lo tanto distintos análisis, el resultado que refleja el marcador comienza a ir en nuestra contra porque el rival está obteniendo ventaja de nuestra insistencia en aplicar aquello que nuestro equipo domina perfectamente pero que no se ajusta a las necesidades del encuentro. Incluso podríamos afirmar que no se trata de que nuestro rival esté interpretando correctamente nuestra táctica de partido y reaccione aplicando un sistema de juego que nos está sorprendiendo. Simplemente ocurre que ambos entrenadores hemos puesto en activo dos sistemas de juego distintos y contrapuestos que están ofreciendo respuestas distintas. Lamentablemente, el nuestro no nos lleva a la victoria.

Pero:

  • ¿Hemos hecho bien nuestros deberes analizando y preparando nuestra táctica de partido contra la presumible defensa cerrada del equipo rival?
  • ¿Puede ser que como entrenador no seamos capaces de ver lo que está ocurriendo e insistamos más en que nuestros jugadores apliquen correctamente las formas de juego previstas que no en cambiar el planteamiento de partido?
  • ¿Debemos seguir insistiendo con nuestro “juego de 4” porque es el que domina perfectamente nuestro equipo aunque no consigamos obtener ventaja ni en el dominio del juego ni en el resultado del partido?
  • ¿Qué planteamientos tácticos pensáis que pueden ser una buena forma reactiva de decisión de partido si os encontráis en el caso del ejemplo anterior?
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