Una auténtica verguenza

Con frecuencia me resisto a escribir en mi blog sobre algo que no sea fútbol sala, porque escribir y compartir con otros compañeros sobre temas técnico-tácticos de nuestro juego o de nuestro trabajo como entrenador, es lo que realmente me gusta.
Pero la grave actualidad se ha centrado sobre la federación que nos gestiona y nos gobierna, y siento la necesidad de ampliar lo que pienso, a algo más de 140 caracteres.
Ser crítico no debería ser un inconveniente, siempre y cuando se sea constructivo a la vez, aportando tu propia visión sobre aquello que te sensibiliza.

Nuestro deporte está gestionado por una federación a la que históricamente no hemos querido pertenecer. Y no hemos querido pertenecer porque los hechos confirmaron y siguen confirmando esa negativa. Primero por su exceso de control, para evitar que, desde una organización totalmente independiente, el fútbol sala pudiese convertirse en un deporte que, con una posible mayor repercusión mundial pudiera perjudicar los intereses de los dirigentes de las federaciones de fútbol. Y en segundo lugar, porque siendo obligados a asumir ese papel menor dentro de otra organización, hemos recibido constantes muestras de desprecio.
Y esa forma de gestión mostrada por muchos de los directivos federativos tanto nacionales como internacionales, es la que, con bastantes dosis de corrupción, ha terminado por descubrirse aquí en España como uno de los mayores escándalos.
Esa forma de gestión es la causa de todo lo que ha ido saliendo a la luz, y seguramente continuará saliendo. Una forma de gestión basada en una estructura asamblearia, que es el principio de todo.
¿Cómo se ha podido perpetuar un dirigente en su puesto durante 28 años? Pues gracias a una estructura asamblearia que permite un control total a través de un sistema sencillo de clientelismo, o traducido a hecho concretos, basado en los favores o el miedo.

La “Asamblea General” es el órgano de gobierno de la Real Federación Española de Fútbol, y tal y como ella misma define:
“La Asamblea General es el órgano superior de gobierno y representación de la RFEF, y está compuesta por ciento cuarenta miembros, de los cuales veinte son natos y ciento veinte electos, entre los que se encuentran el Presidente de la RFEF, los Presidentes de las diecinueve Federaciones de ámbito autonómico integradas en la RFEF y los miembros electos de los estamentos de clubs, futbolistas, árbitros y entrenadores”.
Es decir, el presidente es elegido por los miembros de la Asamblea General, y los miembros de esta asamblea son elegidos previamente por los distintos colectivos.
Esta estructura piramidal es la causa de todos los males. Su resumen es bien sencillo pues teniendo contentos a 140 miembros, tienes asegurada tu permanencia casi eterna. ¿Y éste es un sistema único de la RFEF? Pues no. Es el mismo sistema que está impuesto en las federaciones territoriales. Por lo tanto, las deducciones son bien fáciles.

Pero no seamos ingenuos y creamos que el asambleísta es el representante verdadero de su colectivo, cuando en las pasadas elecciones, tanto para la federación nacional como para las territoriales, hemos leído, recibido y visto ejemplos de clientelismo, servilismo, favores…o en resumen: “estás conmigo o estás contra mí”, como ha quedado demostrado en el auto del juez.
Queda muy bien decir que: “como asambleísta, puedo decidir a qué candidato votar”. Pero la verdad es que cuando se reciben, se han recibido o se recibirán subvenciones, ayudas, favores o “clientelismo” de uno de esos candidatos, la ecuación resulta bien fácil.

A algunos nos han preguntado históricamente si estábamos en alguna guerra o teníamos algún enfrentamiento concreto, pero creo que con lo que se ha podido leer en el auto del Juez Pedraz, ha quedado demostrado que simplemente pretendíamos que saliera todo a la luz, y ello sirviera como detonante para provocar un cambio de estructura obligado, porque en esta estructura, los que formamos parte real de nuestro deporte, ni tenemos voz, ni tenemos voto.
Ahora le tocaría actuar “de oficio” al CSD, que como máximo responsable del deporte en España, tiene la exigencia de modificar todo lo necesario para que este tipo de situaciones, de la que tan sólo hemos conocido la punta del iceberg, desaparezcan de nuestro deporte.

Una estructura asamblearia, tal y como está constituida la federación española de fútbol y las territoriales, ha quedado demostrado que es fácilmente prostituible, por lo que el cambio debe comenzar por ahí. Es inaceptable que, para elegir un presidente del gobierno, todos los ciudadanos podamos votarle, pero para elegir a un presidente de una federación, debamos votar a un intermediario, que finalmente pueda decantar su voto personal, en función de cómo amanece el día.
Creo que la propuesta es bien simple y todos los que formamos parte de un deporte deberíamos poder participar directamente en la elección de nuestros gestores, mediante una fórmula distinta que garantice los resultados democráticos. Una fórmula en la que cada candidato a la presidencia sea votado directamente por todos los individuos federados, para que votemos en función de su propuesta electoral, y no por los miedos o favores que un asambleísta pueda ejercer y recibir.

Este presidente, elegido por mayoría de votos (1 federado = 1 voto), elegirá a su junta directiva. Y tanto el presidente como su junta directiva, tendrán una capacidad concreta de gestión, pero que estará limitada y supervisada periódicamente por un tipo de organización constituida por representantes territoriales, que no ostenten cargo federativo, y que hayan sido el resultado de votaciones territoriales libres.
Estos dos mecanismos de elección libre, democrática y sin dependencia de ningún tipo entre ellos, es decir, un presidente elegido por todos, y un órgano de decisión y supervisión elegido también por todos, pero a través de canales distintos, es la única fórmula que garantizaría que un presidente pueda desarrollar su programa de gestión, y un órgano de control, supervise y autorice el cumplimiento del mismo, y por lo tanto la gestión sana y transparente de lo que debería ser un deporte.

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